El reencuentro, Lorca y Xirgu, genio y musa. Ópera para el siglo XXI
- 11 nov 2017
- 3 min de lectura
Doña María del Coral Morales Villar, nos adentra en el mundo de la crítica musical y tras visionar “Ainadamar”, obra que se estrena en El Generalife granadino la noche del 25 de junio de 2011, nos propone un reto, criticar la obra, con libreto del dramaturgo estadounidense David Henry Hwang y compuesta por Osvaldo Golijov.
Crítica:
Lleno absoluto y asegurado, el público granadino siempre responde a la llamada del poeta, una ópera en la que el encuadre conduce a los actores, más que tres actos son tres imágenes con una carga visual generosa que ayuda al espectador a deambular por la caja escénica a través de la voz, la música y la expresión corporal; el drama entorno a la muerte del poeta.
Un público, el de granada que pone el listón alto a la hora de tratar a su poeta más universal, un público exigente pero que asumió con generosidad esta otra forma de hacer teatro, dándole la vuelta al concepto de teatro y situando al espectador bajo la caja escénica, aunque es cierto que el entorno único del Generalife y sus aromas te atrapan y dejan llevar.
Rígidos en los tiempos, quizá faltó espontaneidad a la hora de plasmar el flamenco en el escenario, se quedó corto, aunque exquisito y medido, no se trataba de un festival de flamenco. La imagen personal y el vestuario de los artistas coquetean con la época y la sencillez actual de la desnudez. Vestuario y dirección artística equilibrados, no sobresalen por encima de la actuación y la voz.
La interpretación nos muestra a una Margarita Xirgu en Montevideo en sus últimos años, ya hace tiempo que asesinaron a Federico, es como trasladar el testigo y desnudarse ante Nuria, Margarita fantasea entre bastidores, regresión que hace presentarnos al Lorca (interpretado por Marina Pardo) valiente, comprometido y convencido de quedarse en España en aquel tiempo tan delicado, el aria “quiero cantar entre las explosiones” así lo transmite. Se queda en su granada y no se marcha con Margarita hacia el exilio.
Esta interpretación de Lorca por parte de Marina pardo, es una metáfora muy sutil a la vez que atrevida, hacia su determinación sexual, encarnando al poeta y mostrando lo mejor de él. Transcurre la muestra en el teatro de Montevideo a finales de los años sesenta, voces de niñas nos traen a la mente la imagen de Mariana Pineda, flases y sueños rotos por la llamada de Ramón Ruiz Alonso.
Una vuelta a la Segunda República Española, Margarita ruega al poeta que salga de España y le acompañe en su gira por Cuba, se entremezcla el baile con la poesía musicalizada para mostrar con dolor la soledad de Federico conducido al trágico lugar de la ejecución, junto a un maestro y un torero en “la fuente de las lágrimas”.
De la mano de Margarita y Nuria entra el espíritu de Lorca en el Generalife, en su tierra gentes que conocen gente, que a su vez conocieron a Lorca, la emoción se contiene entre el público, el valor de Marian Pineda vuelve a mostrarse en el ambiente, recibiéndolo Nuria la cual lo transmite a los personajes de Latinoamérica, a sus generaciones que entonan: “soy la fuente de la cual tu bebes”.
Una gran composición clásica contemporánea, que rescata los sonidos del flamenco español a través de la guitarra, el cante y el cajón, una composición que retrata a Lorca, como lo vio granada, como lo sintió el mundo, como todos lo imaginamos.
El amor, el amor a la libertad, el amor al arte, superan la muerte.
Antonio Luque
Jaén, noviembre de 2017



























Comentarios